- La compañía catalana defiende que la autonomía tecnológica europea depende también de dónde se alojan los datos y bajo qué jurisdicción operan las infraestructuras digitales.
- David Blanch, Director Digital de cdmon, advierte de que muchas pymes siguen externalizando servicios críticos sin evaluar el impacto estratégico y normativo de esa decisión.
El Mobile World Congress de Barcelona, que esta edición reúne a más de 100.000 profesionales y a miles de empresas tecnológicas de más de 200 países y territorios, ha consolidado la soberanía digital como uno de los ejes estratégicos de la agenda europea. El foco se sitúa en los semiconductores y la inteligencia artificial, en un escenario marcado por la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo tecnológico global.
Para David Blanch, Director Digital de cdmon, el debate sobre autonomía europea tiene una dimensión menos visible pero decisiva: la infraestructura donde operan los datos empresariales. “Europa está acelerando inversiones en chips e inteligencia artificial, pero la capacidad real de decisión también depende de dónde se alojan los datos y bajo qué marco regulatorio funcionan esas infraestructuras”, afirma.
El crecimiento del mercado cloud en Europa y la concentración de proveedores tecnológicos en manos de grandes compañías no europeas han reforzado la preocupación por la dependencia estratégica. La digitalización de procesos, la adopción de soluciones basadas en inteligencia artificial y el aumento de ciberataques dirigidos a pymes han situado la infraestructura digital en el núcleo de la gestión del riesgo empresarial.
Según Blanch, muchas pequeñas y medianas empresas continúan priorizando criterios de coste o escalabilidad sin evaluar el alcance normativo y operativo de sus decisiones tecnológicas. “La jurisdicción aplicable, la trazabilidad del dato y la capacidad de respuesta ante incidentes forman parte del riesgo corporativo. Hablar de soberanía digital exige decisiones coherentes con ese objetivo. La infraestructura impacta directamente en la continuidad del negocio y en la competitividad europea, que depende de que los datos operen bajo marcos de supervisión y control alineados con la regulación comunitaria”, concluye.
En una edición del MWC marcada por la geopolítica tecnológica y la carrera por la inteligencia artificial, el debate sobre autonomía europea se desplaza así hacia un elemento estructural: la infraestructura que sostiene la economía digital.

