- “El impacto de las redes sociales en el medio ambiente es invisible para la mayoría de los usuarios, pero es real y acumulativo. Cada publicación, vídeo o ‘like’ tiene un coste energético asociado, desde el almacenamiento en servidores hasta la transmisión de datos”, explica Mercè Botella, fundadora y coordinadora de la cooperativa de telecomunicaciones Somos Conexión.
- Un informe de la International Telecommunication Union (ITU) señala que, en 2023, 164 grandes empresas digitales declararon un consumo eléctrico de 581 TWh, equivalente al 2,1% del consumo eléctrico global, mientras que sus emisiones directas correspondieron al 0,8% de las emisiones energéticas mundiales.
El uso masivo de redes sociales no solo transforma la forma en que nos comunicamos, sino que también deja una huella ambiental creciente. Según un informe oficial del Parlamento del Reino Unido el sector digital —incluyendo infraestructuras de redes sociales, centros de datos, redes de transmisión y dispositivos de usuario— consume entre el 4% y el 6%
de la electricidad global y genera aproximadamente el 2% – 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
“El impacto de las redes sociales en el medio ambiente es invisible para la mayoría de los usuarios, pero es real y acumulativo. Cada publicación, vídeo o ‘like’ tiene un coste energético asociado, desde el almacenamiento en servidores hasta la transmisión de datos”, explica Mercè Botella, fundadora y coordinadora de la cooperativa de telecomunicaciones Somos Conexión. Un informe de la International Telecommunication Union (ITU) señala que, en 2023, 164 grandes empresas digitales declararon un consumo eléctrico de 581 TWh, equivalente al 2,1% del consumo eléctrico global, mientras que sus emisiones directas correspondieron al 0,8% de las emisiones energéticas mundiales.
“El crecimiento exponencial de plataformas como Instagram, TikTok o YouTube ha multiplicado la demanda de datos. Pero detrás de cada minuto de vídeo, cada scroll masivo, hay servidores, redes de transmisión y dispositivos que consumen energía y generan emisiones”, añade Botella. La huella ambiental no proviene únicamente del uso, sino también de la extracción de materias primas para dispositivos electrónicos, su fabricación, transporte, operación y refrigeración de centros de datos.
El reto no es abandonar estas plataformas, sino usarlas con conciencia ambiental. Reducir el streaming innecesario, priorizar calidad adecuada al uso, alargar la vida útil de dispositivos y optimizar el almacenamiento en la nube son pasos esenciales hacia un consumo digital responsable. “Las redes sociales son herramientas poderosas de comunicación y cultura, pero también debemos reflexionar sobre el tiempo que pasamos conectadas. Reducir las horas de uso no solo disminuye el impacto energético, sino que mejora nuestro bienestar individual y colectivo. La sostenibilidad digital también pasa por cuidar nuestra atención y nuestras relaciones”, señala la fundadora de la operadora de telefonía ética.
Promover un uso más equilibrado de la tecnología es tanto una cuestión ambiental como social. Apostar por una conectividad más consciente ayuda a disminuir las emisiones asociadas al tráfico de datos y, al mismo tiempo, favorece un ritmo de vida más saludable. “Las redes sociales deben integrarse en un ecosistema digital que priorice la eficiencia energética, la transparencia y la responsabilidad ambiental. Solo así podremos garantizar que la revolución digital sea compatible con la salud del planeta”, concluye.

