- Según Eurostat, en la UE se comercializan más de 32 kg de dispositivos electrónicos por persona al año, mientras que solo se recogen como residuos 11,6 kg por habitante, lo que evidencia un desfase creciente en su gestión; además, cada ciudadano europeo genera alrededor de 17,6 kg de residuos electrónicos anuales.
- “Nos encontramos ante un modelo tecnológico basado en la obsolescencia y el consumo constante que genera un impacto ambiental insostenible. Apostar por la reparación y la reutilización es una decisión necesaria y urgente”, señala Mercè Botella, socia fundadora y coordinadora de Somos Conexión.
La creciente generación de residuos electrónicos representa uno de los desafíos ambientales más urgentes de la actualidad. La aplicación de principios de economía circular, mediante la reparación y reutilización de dispositivos electrónicos, emerge como una medida eficaz para reducir la huella de carbono, minimizar la extracción de recursos finitos y limitar la acumulación de desechos peligrosos. Tal y como alertan desde la cooperativa de telecomunicaciones ética Somos Conexión, solo una fracción de estos residuos se gestiona de forma adecuada, lo que evidencia la necesidad de políticas y prácticas que fomenten productos más duraderos y reparables.
Según el estudio Residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en la UE: datos y cifras, publicado por el Parlamento Europeo en 2020, los residuos electrónicos son uno de los flujos de desechos que más rápido crece en la Unión Europea y menos del 40% se recicla de manera adecuada. Según Eurostat, en la UE se comercializan más de 32 kg de dispositivos electrónicos por persona al año, mientras que solo se recogen como residuos 11,6 kg por habitante, lo que evidencia un desfase creciente en su gestión; además, cada ciudadano europeo genera alrededor de 17,6 kg de residuos electrónicos anuales.
Por su parte, un informe del consorcio europeo FutuRaM, financiado por la UE, estima que, de no adoptarse medidas eficaces, el volumen total de residuos electrónicos en la UE podría alcanzar entre 12,5 y 19 millones de toneladas en 2050, incluyendo más de un millón de toneladas de materias primas críticas como cobre, aluminio o tierras raras. En este contexto, alargar la vida útil de los dispositivos mediante la reparación y la reutilización se presenta como una estrategia clave para reducir la generación de residuos, disminuir la extracción de nuevos recursos y limitar el consumo energético asociado a la fabricación de nuevos equipos.
“Nos encontramos ante un modelo tecnológico basado en la obsolescencia y el consumo constante que genera un impacto ambiental insostenible. Apostar por la reparación y la reutilización es una decisión necesaria y urgente”, afirma Mercè Botella, socia fundadora y coordinadora de Somos Conexión.
“Cada decisión de consumo cuenta: elegir reparar, reacondicionar o comprar dispositivos de segunda mano puede tener un impacto real en la reducción de residuos electrónicos y en la conservación de recursos naturales”, añade Botella. “La economía circular no es solo responsabilidad de las empresas o las administraciones; la ciudadanía tiene un papel fundamental”.
Somos Conexión subraya también la importancia de impulsar políticas públicas que garanticen el derecho a reparar, faciliten el acceso a repuestos y promuevan el diseño de dispositivos más longevos, en línea con las recomendaciones europeas en materia de economía circular. La economía circular aplicada a la tecnología representa una oportunidad para reducir emisiones, generar empleo local y avanzar hacia un modelo más justo y resiliente.

