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A punto de cumplir 25 años de actividad, la empresa navarra Tecymacan diseña, fabrica, comercializa, mantiene y repara, entre otros equipos, plantas para el tratamiento de residuos de construcción y demolición (RCD). En este segmento de actividad, la gama de producto de la compañía —al frente de la cual se encuentran Adolfo y Natalia Tapiz, quienes han tomado el relevo del fundador de la compañía, Alfredo Tapiz— se divide entre plantas fijas y móviles.

Las instalaciones móviles suelen utilizarse para RCD homogéneos; es decir, materiales que llegan limpios hasta la planta, mientras que las estacionarias suelen recibir materiales mixtos o heterogéneos, una variedad de materiales que obliga a incluir elementos que siempre deben ir fijos.

Estos dos tipos de instalaciones están indicadas para distintos clientes. Así, las empresas constructoras o las dedicadas a realizar derribos utilizan máquinas de trituración móviles, mientras que los gestores de RCD recurren a instalaciones fijas. Las primeras suelen “constar sólo de las fases de trituración y separación magnética con overband”, explica Natalia Tapiz, responsable de la parte financiera, marketing y exportación de Tecymacan, quien añade que “los materiales heterogéneos son más complicados de procesar en plantas móviles”.

Esas distintas exigencias determinan los elementos críticos de las instalaciones. En el caso de las fijas el punto crítico se encuentra en la fase de clasificación. El primer cribado se suele realizar con trómel o criba y ése es uno de los puntos más delicados porque como el material llega mezclado con papeles, plásticos…, que se pegan en las mallas de las cribas o en el propio trómel, que se puede llegar a cegar. Natalia Tapiz explica que “antiguamente se utilizaban más los trómeles de clasificado, ya que —aunque se le peguen tanto plásticos como papeles— se despegan más fácilmente al ir girando continuamente. También es verdad que la desventaja que tienen es que las piezas de hormigón con varillas se pueden enganchar en plásticos o papeles que todavía están dentro de la máquina, por lo que las piedras pueden estar dentro del trómel dando vueltas mucho más tiempo, provocando daños”. Esta es la razón por la que en la actualidad se utilizan más las cribas de clasificación, que “son más fáciles y accesibles para su limpieza. Aunque se ciegan algo más que los trómeles, son más eficientes en el cribado”, aclara Natalia.

En el caso de los materiales homogéneos, prosigue Natalia, “la parte crítica es la trituración; es decir, la machacadora o molino. Cuando se trituran los RCD, el problema son los hierros que entran dentro, ya que no son triturables, y en los molinos de impacto puede generar más daños que en las machacadoras”.

Plantas adaptadas a cada cliente

Las más modernas plantas de gestión de RCD incorporan novedades para incrementar su fiabilidad y rendimiento. Así, los molinos impactores, en los que tradicionalmente se utilizaban elementos de fundición de manganeso, en la actualidad incorporan aleaciones de martensítico con cerámico, que soportan mejor la abrasión y el impacto.

Además de recurrir a materiales más resistentes, Tecymacan ha automatizado sus equipos, reduciendo así la intervención humana, lo que genera mayores rendimientos e incrementa la seguridad de los operarios, menos expuestos a riesgos. “Ahora, con los sopladores, los separadores magnéticos e incluso con los equipos de flotación, se ha automatizado todo mucho más y no hace falta tanto personal. Aunque hay puestos, como el triaje, que requieren del trabajo manual sí o sí”, remarca Natalia Tapiz.

La compañía con sede en la localidad navarra de Sarasa se encuentra inmersa en una mejora continua de sus productos, aplicando mejoras e innovaciones a las máquinas que están funcionando y también desarrollando y fabricando nuevas instalaciones. Esta ampliación de su gama de productos es una de las bases de su crecimiento, tanto de oferta como de presencia geográfica. En este sentido, la empresa —gracias a su red comercial, nacional e internacional— está presente en países como Bolivia, Cuba, Ecuador, Panamá, Polonia o Australia.

La adaptación a las características de los materiales recibidos, así como los que se quieren obtener, son los que determinan el diseño de cada planta de valorización de RCD. De esta tarea se encarga la oficina técnica de Tecymacan, liderada por Adolfo Tapiz, quien explica que “generalmente, los materiales de salida suelen ser comunes en la mayoría de las plantas de tratamiento de RCD: un material de 0 a 30 mm, de 30 a 80 mm y de 80 a 300 mm. Este último se tritura después y se hace árido más fino”, aclara.

“En función de si el cliente va a recibir material RCD homogéneo o heterogéneo se plantea un tipo de instalación u otra”, apunta Adolfo, quien añade que “para las plantas fijas depende de las capacidades que tiene cada cliente y, sobre todo, de la población en la que se ubica la planta. Hay muchos gestores de RCD que se encuentran en poblaciones pequeñas que no van a recibir mucho material, por lo que las plantas que diseñamos son de un tamaño más reducido y más sencillas que otras que están en ciudades grandes, como Madrid o Barcelona, que reciben mucha mayor cantidad de material para tratar y llevan a cabo procesos mucho más completos”.

Los clientes más habituales de este tipo de instalaciones de Tecymacan suelen ser gestores de RCD y también empresas que se dedican a excavaciones, transportes y constructoras que —por la necesidad derivada de su propia actividad— se convierten en gestores e instalan plantas más sencillas para tratar estos materiales de demolición.