Skip to main content

  • La actualidad internacional nos recuerda constantemente que la energía es mucho más que un servicio básico; es una pieza clave en el tablero de la geopolítica mundial.

Los recientes conflictos en Oriente Próximo, sumados a las tensiones persistentes derivadas de la invasión de Ucrania, han puesto en jaque la estabilidad económica de muchos países. Cuando estalla una guerra o aumenta la inestabilidad en regiones exportadoras, las consecuencias se sienten de inmediato en el bolsillo de los ciudadanos: sube el precio de la gasolina en el surtidor y se encarecen las facturas del gas.

Sin embargo, en este escenario de incertidumbre, España cuenta con una ventaja competitiva que a menudo pasa desapercibida. Mientras los precios internacionales del petróleo y del gas natural licuado se disparan ante cualquier amenaza en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, el precio de la electricidad en nuestro país ha logrado mantenerse en niveles mucho más estables y bajos. Esto no es casualidad, sino el resultado directo de la creciente presencia de fuentes renovables, la energía nuclear y nuestras reservas hidráulicas en el mix energético nacional.

La debilidad de la dependencia externa en España

A pesar de nuestro gran potencial de generación propia, España sigue arrastrando una vulnerabilidad crítica. Actualmente, el petróleo y el gas representan más del 90% de nuestras importaciones energéticas. Depender de terceros países para mover nuestros camiones, calentar nuestras casas o alimentar nuestras fábricas nos sitúa en una posición de desventaja ante las crisis de suministro.

Lo más paradójico de esta situación es que la fiscalidad actual parece castigar lo propio y premiar lo ajeno. En España, la fiscalidad suele ser más estricta con la electricidad que es un producto que generamos aquí de forma limpia y eficiente que con los combustibles fósiles importados (gas natural y derivados del petróleo). Es decir, estamos penalizando la energía que nos da autonomía y beneficiando indirectamente el consumo de recursos extranjeros. Romper esta inercia es fundamental para que la  electrificación sea una realidad masiva y accesible.

La red eléctrica como escudo de seguridad nacional

Apostar por la electrificación como protección ante situaciones de guerra y crisis internacionales no es solo una cuestión ambiental, es una estrategia de supervivencia económica. Consumir electricidad producida con sol, viento y agua de nuestro territorio nos hace prácticamente inmunes a los chantajes energéticos globales. No obstante, para que este cambio sea efectivo, necesitamos algo más que paneles solares y molinos de viento: necesitamos infraestructuras sólidas.

Uno de los grandes retos actuales es la inversión en redes de transporte y distribución. No sirve de nada producir energía barata y limpia si esta no puede llegar a tiempo a los polígonos industriales, a los nuevos barrios o a los centros logísticos. En muchas ocasiones, la burocracia y la falta de capacidad en las redes frenan proyectos industriales que podrían generar miles de empleos. Sin redes eléctricas modernas y sin sistemas de almacenamiento de larga duración como el bombeo hidroeléctrico, nuestra capacidad de ser energéticamente independientes se ve limitada.

Hacia una inmunidad energética real

La transición hacia un modelo electrificado es la única forma de blindarnos ante la volatilidad de los mercados exteriores. Al electrificar sectores clave como el transporte pesado o los procesos de calor en la industria, no solo estamos reduciendo emisiones, sino que estamos ganando soberanía.

La lección que nos dejan las crisis actuales es clara: la verdadera seguridad no se encuentra en buscar nuevos proveedores de combustibles fósiles, sino en dejar de necesitarlos. España tiene los recursos y la tecnología para liderar este cambio. Si logramos eliminar las barreras fiscales y agilizar las inversiones en redes, convertiremos nuestra energía en un escudo frente a las guerras externas, garantizando estabilidad, precios justos y un futuro mucho más seguro para todos.

www.energiaysociedad.es